Por
Sapatita con S, en la semana 14 del primer cuatrimestre, Año MMXVI.
(16-6-16)
No soy católico, ni practicante de
religiosidad alguna.
Pero algo entiendo del tema, y hoy
peregriné, como ayer y varios días atrás también, por la sinrazón de las
estaciones vacías del vía crucis local que enfrenta cada docente a la hora de
dar clase. Peregrinar que, como en el
vía crucis, se convierte en letanía adormecedora, para que nada cambie, porque
sospechamos que el próximo año serán las mismas estaciones. Dicho esto, entiéndase, desde la licencia
literaria, pero con absoluto respeto por la fe de quienes le encuentran sentido
(cosa que ha pasado de mí, por lo menos en esta vida).
Ayer y antes de ayer, y antes que antes de
ayer... la computadora más vieja y ruinosa de la Casa de Altos Estudios en la
que debemos registrar nuestros ingresos y egresos los docentes... tenía un cartelito: NO FUNCA .
Puede uno ir a fichar a FHUC o a FBCB ...
hay dos pc en cada una de esas facultades destinadas para ello, más limpias y
en mucho mejor condición que la nuestra... pero no. Somos sufriditos "Los de la Fich", y queremos que la cosa mejore, por esto de tratar
de entender "los dos lados del mostrador" (infeliz frase pronunciada tiempo atrás por algún
gestor v.a.m.), y las dificultades que estos gestores deben sortear cada día
(resolver sería un verbo grandilocuente y pretencioso para este relato).
Esta vez, el cristiano emperrado que anida
en mí se propuso acometer la difícil misión de encontrar (porque no siempre el
que busca encuentra) un funcionario en funciones en la FICH. A esa extraña hora previa a las 13 hs. Un rato
después será más facil: uno va a la
cantina y algo se ve por allí, lo cual no garantiza soluciones. Pero la previa al mediodía... es un tiempo
difuso, un tiempo de no ser, la esencia y la existencia quedan en suspenso en ese
inexcrutable agujero negro de las horas posteriores a las 12 del mediodía y
previas a las 14... no se ve gente por
el pago. O se los ve, pero nada más.
Y uno queriendo firmar el ingreso; y allá
va en su esperanzado peregrinar, adonde el cartelito colgado en la puerta de
Bedelía lo mande a uno: Secretaría Administrativa, Prosecretaría, Bedelía,
Secretaría Académica (x2), Secretaría de Coordinación. (Vayamos sumando los sueldos dentro de esas
oficinas). En todas, pero en todas esas
oficinas, la respuesta es la misma: "si quiere firme en mi pc" (como
si fuera de ellos)... y mi respuesta es la misma: "no
quiero eso" (al tiempo que pienso: ahórrese su gesto caritativo, no le
voy a interrumpir su eterna navegación por el facebook o Clarín); "quiero que resuelva el tema: una pc
para firmar abajo, en la entrada".
Una pc que esté limpia, en cuyo teclado no
queden adheridos mis dedos, con un mouse que enfoque el objetivo sin temblar,
y... fundamental: QUE FUNCIONE.
De pronto recuerdo el ninguneo de semanas previas: ante una ausencia debidamente anunciada de
una persona... de las 30 (TREINTA) personas restantes que circundan el lugar no
pueden asignar 1 (UNA ) a recibir a los docentes y estudiantes en Bedelía. Una.
Que esté. Que no haya que ir a
buscar también por las 4 estaciones del Vía Crucis restantes, para encontrarse como me encontré con la
expresión desconcertante de un gestor más, que me preguntó: "¿y
usted a que hora tiene que ir al aula?" para que yo le respondiera: "ahora",
cuando en el cerebro se me amontonaban expresiones variopintas, que por simple
sentido de urbanidad reprimí tras una cínica sonrisa.
Y viene la pregunta (que ya no es pregunta sino
certeza):
¿Ese es el lugar que nos dejan a los
docentes?
Este es el lugar que nos dejan a los
docentes.
No registrar entradas ni salidas.
No registrarnos.
No tener abierta la oficina que entrega los
materiales en el horario en que se la necesita.
No tener el cañón funcionando, una pc y un
equipo de sonido en el aula.
No tener tinta en los fibrones. No tener tizas en las pizarras. No tener pizarras con tizas.
No tener cestos de residuos en las aulas. No
tener papel sanitario en los baños.
No tener tableros de dibujo en el Aula de
Dibujo de la Facultad de Ingeniería (donde habrán ido a terminar aquellos
hermosos tableros y banquetas).
No tener las aulas abiertas (o sea: sin
llave) y limpias todo el día. No tener los gabinetes abiertos y con
estudiantes usando las computadoras.
No tener buena iluminación en los pasillos,
ni siquiera en las aulas, para que la gente pueda detenerse a leer, a dialogar,
a estudiar en ellos.
No tener ventiladores que giren en verano,
o estufas que atenúen un poco el frío en el invierno. No tener internet en las
aulas ni en los pasillos.
Todo eso que está dado, y multiplicado
hasta el hartazgo, en los cubículos cerrados, los de los gestores que nos
preguntan "¿usted tiene que dar
clase ahora?". Esos gestores
que hablan por teléfono para no respondernos.
Y que se van, nunca se sabe dónde, dejando las luces encendidas para que
los docentes que vienen apurados a dar clase se vayan sin una respuesta,
creyendo vanamente que si vuelven en un rato con la misma consulta encontrarán
algún cuadrito pintado en esa estación del vía crucis.
Y me fui. Sin registrar entrada ni
salida. Clase, parcial, algunos mates y
una gratificante conversación después de hora con los estudiantes, pero siempre
oliendo el inconfundible hedor de los baños frente a la fotocopiadora. Persistente,
para que nadie olvide.
Eso si: con actitud.
Con la misma actitud con que encaré la
caminata a través del estacionamiento empedrado, en el saludo, canción final y
retirada.
Y de golpe, trastabillando pero sin caer, esta
nueva vicisitud me trajo a la reflexión:
"llevamos más de 2 años, che,
y las piedras del estacionamiento siguen sin acomodarse".
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